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Experto mecánico
se ha transformado en “resucitador de citronetas” Las recoge
casi de la basura y las deja convertidas en verdaderas joyitas.
Por Ricardo Ruiz Lolas
Don Juan Galdames rs como esos modistas que son capaces de
transformar a un harapiento en un elegante gentleman. Hace
lo mismo, pero con citronetas viejas. Las recoge casi de la
basura y en cosa de días las trasforma en flamantes vehículos.
Por algo le llaman ya el “resucitador de citrolas” o “El
citroneto”, llévele unas cuantas latas viejas y vera lo que
hace con ellas.Es tal su amor que pone en cada restauración,
que ha terminado por enamorarse de esos antiguos “ataúdes
con ruedas” (así alguna vez las bautizaron).
En estos momentos estoy recuperando tres citronetas: una
del 62, otra del 68 y una del 79. Llegan en muy malas condiciones
y yo con mucha paciencia me dedico a repararlas en forma integral,
tanto en la parte mecánica como en las latas.
NINGUNA CITROLA HAY DARLA POR PERDIDA.
Desde siempre amo las citrolas, al punto que durante toda
su vida de mecánico fue guardando repuestos y por eso ha tenido
éxito en las restauraciones. Cuando no esta la pieza justa
la encarga a Argentina, y si allá no existe, entonces el mismo
la hace.
Lo importante es que las citrolas salgan nueva del taller,
como de fábrica, explica mientras muestra una AX330 a la que
esta metiéndole mano.
A su taller han llegado estos débiles, pero noble vehículos
que han estado abandonados por 20 años o mas, tirados por
ahí pudriéndose a la intemperie, en muchos casos sirviendo
de nidos de pájaros o ratas.
Don Juan tiene una máxima: no dar por pérdida ninguna citroneta,
esté como esté. El encanto de la citrolas es que son originales,
sencillas y fieles. Claro que son lentas, pero le asegura
que nunca dejan botado a su dueño. En una época las llamaron
las taconetas porque siempre se producía un taco, sobre todo
en alguna subida, era seguro que iba una citrolaA?? adelante.
Yo tuve tres que después vendí y de lo cual siempre me he
arrepentido.
Mi regalona era una del año 62, que entregué, porque me insistieron
mucho, hay personas que se enamoran de estos vehículos y no
los venden por ninguna plata, señala.
Según don Juan, la onda retro ha estado llegando últimamente
a la fiel citroneta, pues son muchos los jóvenes que llegan
su taller con intenciones de comprar una. Lo que pasa es que,
además de ser económicas, tienen mucha estabilidad, son suaves
y algunas son descapotables. A los jóvenes les encanta para
ir a la playa y también para salir carretear por ahí. Los
padres no tienen problemas en regalarles una a sus hijos,
porque saben que no corren mucho. Eso si hay que manejarlas
a la defensiva, porque se ven como muy debiluchas. Pero nunca
arrugan.
EJEMPLAR UNICO EN VITRINA
Ahora, si bien don Juan las deja como nuevas, en Los Andes
hay una que es prácticamente una joyita, esta nueva y se exhibe
en el taller del representante de Citroen en esa ciudad, esta
ahí solo para que los amantes de estos vehículos la admiren,
ya que su propietario Eduardo Omeñaca, no la vende por nada.
El jefe del local, Javier Arellano, cuenta que Juan Galdames
tuvo mucho que ver en la recuperación de esta citroneta del
año 1957, modelo Azam, color negro y que tiene todas sus piezas
originales.
Solo en contadas ocasiones su dueño sale a dar una vuelta
en ella por las calles de Los Andes, despertando la admiración
de todos.
Javier Arellano reconoce que existió una tendencia hacia
lo antiguo, especialmente en los vehículos. Esta citroneta
despierta el interés de todos los que pasan por aquí y al
igual que usted todos preguntan si esta a la venta.
Juan Galdames Lanas, tiene 75 años de edad y se desempeña
como mecánico desde que era niño. Su taller restaurador se
ubica en la comuna de Calle Larga, provincia de Los Andes.
El Mercurio, miércoles 18 de abril de 2001
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